Cuando pensamos en la audición, es fácil suponer que los humanos somos el punto de referencia. Pero nuestra audición es sólo una pequeña porción del espectro sonoro. Desde chirridos ultrasónicos hasta estruendos infrasónicos, muchos animales experimentan un mundo sonoro que nos está completamente oculto.
En este blog exploraremos las extraordinarias capacidades auditivas de los animales, lo que eso significa para la ciencia y la industria, y cómo la tecnología nos ayuda a detectar los sonidos fuera del alcance humano.
Los límites de la audición humana
La mayoría de la gente puede oír frecuencias entre 20 Hz y 20.000 Hz (20 kHz). Esto abarca desde el estruendo de un trueno hasta el agudo piar de un pájaro.
Pero nuestro alcance es limitado. A medida que envejecemos, nuestro límite superior suele descender, a veces por debajo de los 15 kHz. Eso significa que muchos sonidos cotidianos de alta frecuencia, como el chirrido de un ratón, se vuelven inaudibles.
Superpoderes ultrasónicos
Los humanos suelen alcanzar una gama de frecuencias de unos 20 kHz, pero muchos animales han evolucionado para detectar frecuencias mucho más altas. Estas capacidades ultrasónicas no son meras rarezas de la biología, sino herramientas de supervivencia.
- Perros (hasta ~45 kHz): La sensibilidad auditiva de los perros les permite captar sonidos completamente inaudibles para nosotros. Por eso funcionan los silbatos para perros: emiten tonos agudos en la gama de los ultrasonidos. En la naturaleza, esta capacidad les ayudaría a oír a sus presas moviéndose entre la hierba o a comunicarse con sus crías a tonos que los depredadores no podrían detectar.
- Murciélagos (20-120 kHz): Los murciélagos son maestros de los ultrasonidos. Emitiendo rápidas ráfagas de pulsos ultrasónicos y escuchando los ecos que rebotan, pueden "ver" su entorno a través del sonido, una técnica conocida como ecolocalización. Esta capacidad les permite atrapar insectos diminutos en pleno vuelo, incluso en la más completa oscuridad, y navegar por entornos complejos como cuevas y bosques sin chocar con los obstáculos.
- Delfines (hasta 150 kHz): En el agua, donde el sonido viaja más rápido y más lejos que en el aire, los delfines utilizan chasquidos y silbidos ultrasónicos tanto para comunicarse como para cazar. Su ecolocalización es tan precisa que pueden detectar la diferencia entre dos objetos del tamaño de una canica. Los ultrasonidos les permiten encontrar peces escondidos en la arena o distinguir entre manadas amigas y rivales a kilómetros de distancia.
Para estas especies, el oído ultrasónico es tan crítico como la vista para nosotros; sin él, la supervivencia sería mucho más difícil.
Comunicación infrasónica
En el extremo opuesto se encuentran los sonidos demasiado bajos para que los oigamos. Se conocen como infrasonido (por debajo de 20 Hz), estas frecuencias no suelen ser tan precisas como para recorrer distancias increíbles.
- Elefantes (tan bajo como 5 Hz): Los elefantes son famosos por sus llamadas profundas y retumbantes. Estas señales infrasónicas pueden viajar varios kilómetros, incluso a través del suelo, lo que permite a las manadas mantenerse en contacto a través de vastas sabanas. Los científicos han observado que los elefantes utilizan los infrasonidos para coordinar movimientos, señalar peligros e incluso comunicar comportamientos de cortejo.
- Ballenas: Las ballenas azules y los rorcuales comunes producen algunos de los sonidos de más baja frecuencia de la Tierra. Sus llamadas infrasónicas pueden atravesar cuencas oceánicas enteras, permitiendo la comunicación con otras ballenas a cientos, incluso miles, de kilómetros de distancia. Esto es crucial para la migración, la reproducción y el mantenimiento de los vínculos sociales en la vasta extensión del mar.
- Jirafas y caimanes: Las jirafas, que antes se consideraban silenciosas, producen "zumbidos" de baja frecuencia por la noche, lo que puede contribuir a la cohesión del grupo cuando la visibilidad es escasa. Los caimanes, por su parte, generan potentes bramidos infrasónicos durante la época de apareamiento, que hacen que el agua se ondule visiblemente al vibrar sus cuerpos.
A diferencia de los ultrasonidos agudos, los infrasonidos suelen ser más fieltro que oído, produciendo una sensación física como una débil vibración en el pecho. Esto lo convierte en una poderosa forma de comunicarse a larga distancia o a través de entornos densos como el agua, los bosques o las sabanas.
La infografía siguiente muestra cómo se comparan las distintas especies con nosotros:

Por qué nos importa
Comprender el oído de los animales no es sólo una fascinante trivialidad; es ciencia práctica:
- Ingeniería y diseño: Aprender de la ecolocalización de los murciélagos ha inspirado las tecnologías del sonar y el radar.
- Ciencias medioambientales: La vigilancia de ballenas y elefantes ayuda a seguir la migración, la salud e incluso a predecir amenazas medioambientales.
- Seguridad en el lugar de trabajo: Algunas máquinas producen ruidos ultrasónicos o infrasónicos que no podemos oír, pero que pueden tener efectos físicos o psicológicos.
Aquí es donde entran en juego los instrumentos de precisión.
Medir lo que no oímos
Aunque nuestros oídos tienen límites, la tecnología no tiene por qué tenerlos. Sonómetros, dosímetrosy monitores de vibraciones pueden captar frecuencias fuera de la percepción humana, ayudándonos a identificar riesgos y comprender entornos complejos.
En Cirrus Research diseñamos instrumentos que ofrecen una visión completa de la exposición al ruido, ya sea audible u oculta. Al ampliar nuestra "audición" con las herramientas adecuadas, podemos proteger a los trabajadores, salvaguardar las comunidades e incluso contribuir a la investigación medioambiental.
Los animales nos recuerdan que el sonido va más allá de la experiencia humana. Desde los murciélagos que susurran en ultrasonidos hasta los elefantes que retumban en infrasonidos, el mundo natural está lleno de voces ocultas.
Con los instrumentos adecuados, podemos descubrir esos sonidos, aprender de ellos y aplicar ese conocimiento a la ciencia, la seguridad y la innovación.


